Tecnología educativa
Tecnología Educativa: concepción actual, logros y limitaciones didácticas Ing. Andrés Ballester Gouraige Lic. Alexis Bailey Agramonte RESUMEN En el trabajo se exponen los orígenes de la tecnología educativa, comenzando por la enseñanza programada donde se dan a conocer sus principales características. Seguidamente se recogen una serie de definiciones desde diversos puntos de vistas del concepto tecnología educativa, donde se puede apreciar los distintos enfoques teóricos y metodológicos que la han caracterizado a lo largo de más de cuatro décadas.
Por último se expresan sus principales ventajas y limitaciones, así como algunas consideraciones de la propuesta de Bill Gates en su libro "Camino al futuro" sobre su propuesta educativa. Palabras Clave: Tecnología de la Educación, Enseñanza Programada. unido desde diversos puntos de vista, y con diferentes alcances. Los criterios de los autores en los últimos años han ido variando y no hay un verdadero consenso acerca del término. Las definiciones que a continuación ofrecemos son sólo una pequeña muestra de los distintos enfoques teóricos y metodológicos que han caracterizado a la tecnología educativa a lo largo de más de cuatro décadas. 1963.
La aplicación de la tecnología educativa en la enseñanza no ha permitido cumplir con su cometido de optimizar la dirección del proceso de enseñanza. Entre las principales limitaciones podemos señalar: En la dirección del proceso de aprendizaje sólo considera los resultados finales de la asimilación y no toma en cuenta los procesos ni sus cualidades. Los sistemas de enseñanza programada se construyen generalmente sobre la base de un sistema de orientación de las acciones de los alumnos de forma incompleta, por ensayo-error. Los principios de la programación son efectivos sólo cuando es suficiente la asimilación al nivel de la memoria reproductiva. No desarrolla el pensamiento teórico y creador en los estudiantes. Se plantea que las ideas más luminosas acerca de las necesidades educativas y formativas de los ciudadanos en la sociedad actual, no provienen de especialistas o de personas que están directamente involucradas en la actividad. Una de las figuras representativas de "los nuevos revolucionarios" es Bill Gates. El escribió: Camino al futuro (1995), en la que hace una flamante propuesta educativa, expresando: "... hoy sigue siendo difícil encontrar la información adecuada a quienes desean satisfacer su curiosidad o solucionar una duda.
El papel futuro de los profesores pivoteará sobre la tecnología".1[1] Esta fantasía-ciencia vincula todo el proceso de enseñanza-aprendizaje a las redes telemáticas o autopistas, a partir de un tecnologicismo extremo. Antes este sueño del futuro, sólo para una elite de la sociedad surgen serias interrogantes. No se sabe, cómo se van a beneficiar de la red los millones de niños que no van a la escuela -sólo en América Latina, son más de 60 millones-, los que viven en las calles y son víctimas de la violencia más diversas, o los 1 300 millones que viven con menos de un dólar al día. 8 El propio Gates señala que la tecnología no lo puede resolver todo, y que la sociedad tiene que arreglar los problemas fundamentales para que la red funcione. Pensemos en la transcendencia educativa que debe tener la personalidad del maestro y la influencia que este tiene que ejercer en la transformación del mundo interior de sus educandos: en el estímulo constante de su deseo de saber, de su afán por elevar cada vez más su nivel de desarrollo y muy significativamente, la influencia que el educador puede ejercer en los sentimientos y el comportamiento de sus alumnos.
BIBLIOGRAFÍA
FERNÁNDEZ, B. e ISEL PARRA. Medios de Enseñanza, Comunicación y Tecnología Educativa. Curso 15 Pedagogía '95. La Habana. 1995.
FERNÁNDEZ RODRÍGUEZ, BERTA y JULIO GARCÍA OTERO. Tecnología Educativa: ¿Sólo Recursos Técnicos?. Curso 28 Pedagogía '99. La Habana. 1999.
GATES, BILL. Camino al Futuro. McGrawHill. Colombia. 1995. (pág. 181-200).
GONZÁLEZ MANET, ENRIQUE. La nueva era de las tendencias informáticas. Revista Educación. No 84/enero-abril. La Habana. 1995. (pág. 50-56).
Att.
Lic. Carlos Miranda
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